Obispo Gilberto

Viernes, 27 de Enero, 2017

Mensaje de fe

La conciencia de la ofrenda

 

Foto: Shutterstock 

En la época de Adán y Eva la armonía entre Dios y el ser humano era perfecta. No había necesidad de un altar, ya que el hombre vivía en comunión directa con Dios.

A partir del momento que surgió el pecado, hubo separación entre el hombre y Dios. Ahora, para que el ser humano vuelva a estar en comunión con Él es necesario un Altar, un lugar de encuentro entre la criatura y el Creador. Y esa ley permanece hasta los días de hoy.

A través de lo que ofrecemos en el altar nos acercamos o nos alejamos de Dios. La ofrenda es tan importante que puede justificar o absolver al ofrendante.

El Señor Jesús dejó claro ello cuando explicó a sus discípulos la ley de dar y recibir:

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”. (Lucas 6:38).

La ofrenda representa al ofrendante delante de Dios. Y cuando hablamos de ofrendas no estamos refiriéndonos a lo material, ya que antes de ver lo que hacemos, Dios ve quiénes somos delante de Él.

Por lo tanto, Dios nos ve a través de nuestra ofrenda. Lo que ofrecemos a Él muestra cuánto lo consideramos o no, ya sea a través de nuestro comportamiento, actitud, carácter, en fin, en todo lo que realizamos estamos demostrando a Él la calidad de nuestras ofrendas.

Nuestra vida es el resultado de lo que ofrecemos a Dios en el altar día tras día.