Sociedad

Martes, 09 de Enero, 2018

Ludopatía

Adicción destructible

 

La persona pasa horas en los tragamonedas y casinos apostando hasta quedarse sin dinero. Para seguir jugando, es capaz de robar a la familia.

Durante 25 años Luis Salazar Rondón estuvo sumergido en los vicios. Empezó en las carreras de caballos y, luego de casarse, en los casinos y tragamonedas.

En la década de los 90, Lucho, como lo llaman sus amigos,  ganaba mucho dinero como tornero repujador de una empresa importante de la ciudad. “A la semana, me pagaban entre 1.000 a 1.200 soles”.

Su adicción por los juegos, conocido como ludopatía, lo llevó muchas veces a mentir a su esposa y, lo que es peor, a dejarle sin dinero.

Para poder dar de comer a sus hijos, la esposa de Luis tuvo que endeudarse y algunas veces esconderse de los acreedores que venían a cobrarle hasta su casa. 

Durante el tiempo que estuvo metido en el tragamoneda, Luis no solo perdió mucho dinero, sino lo que es más importante para un hombre: el respeto de su familia.

Al igual que Luis Salazar, en el país cientos de personas pasan su día metidos dentro de un tragamoneda. Pero ¿qué lleva a uno a convertirse en un ludópata?

Según Milton Rojas, psicólogo de Cedro, son muchos los factores que desencadenan la ludopatía. Entre los más destacados, tenemos los desórdenes de ánimo, trastornos de la personalidad, dependencia, carencia de afecto familiar, mitos y herencia.

Como el resto de las adicciones, agrega, la ludopatía comienza lentamente y con la idea de tener el control de la situación en cuanto uno se lo proponga. Precisamente eso fue lo que pensó Luis cuando empezó a jugar en los tragamonedas; y, sin embargo, pasó 12 años de su vida sumido en este vicio.

El ludópata, al igual que el drogodependiente, padece de un trastorno del control de los impulsos, dice el psicólogo Rojas. “En los casos más severos el afectado puede arriesgar todo; inclusive, robar, estafar, falsificar y hasta engañar a su familia para conseguir plata y seguir apostando. Este trastorno genera una ansiedad muy grande que solo se sacia con la descarga de adrenalina que se produce al practicar la conducta de jugar. En este caso tienen mucho que ver los neurotransmisores y desequilibrios fisiológicos que se producen en el cerebro”, sostiene el especialista de Cedro.

Luego de estar muchos años en los vicios, Luis Salazar dejó de ser ludópata gracia al apoyo de su esposa. “Ella me hizo conocer la CCES, en donde aprendí a tener fuerzas para vencer esta adicción”, cuenta.