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Martes, 06 de Marzo, 2018

Profetas de la Biblia

Miqueas

 

Por Asarel Soto

Cuando leemos el libro de Miqueas, vemos la importancia de que una nación obedezca las leyes de Dios.

 

Él fue profeta en un periodo en el cual el pueblo hebreo estaba dividido en dos reinos: el del norte y el del sur. La capital del reino del norte (Israel) era Samaria, y la capital del reino del sur (Judá) era Jerusalén. Y, en dicho contexto, ninguno de los dos pueblos vivía de acuerdo con la voluntad Divina.

 

Los líderes políticos querían “aprovecharse” del pueblo, pues los líderes religiosos estaban más preocupados con la tradición que con las verdaderas enseñanzas del Altísimo. Las personas, en general, incluso seguían una religión, pero vivían en la inmoralidad, en el materialismo, en el engaño espiritual y en otros valores que los distanciaba del Creador (Miqueas 3:17 y 6:7-16).

 

Hace tiempo, Dios había alertado a Su pueblo sobre esta mala conducta, por medio de otros profetas. Sin embargo, como Él es misericordioso, insistió nuevamente enviando a Miqueas para predicar al pueblo de Israel un mensaje de arrepentimiento sincero de los pecados.

 

Un mensaje de destrucción

 

Cuando el Creador cumplió Su promesa con Abraham ?de hacer de él una gran nación?, deseaba crear para Sí una nación que Lo tuviera como único Dios.

 

Sin embargo, en los tiempos de Miqueas no era eso lo que estaba sucediendo. El pueblo se volvió idólatra, en su mayoría, y el mensaje Divino se estaba perdiendo.

 

Esa actitud llevaba consigo una consecuencia: al distanciarnos del Altísimo, automáticamente perdemos Su protección.

 

Así, el reino del norte quedó vulnerable ante el ataque de los asirios ?un pueblo agresivo que vivía al norte de Israel. Miqueas alertó al pueblo sobre esto:

“Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas. Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos.” Miqueas 5:11-13

 

Al final, aún ante la advertencia, el pueblo no volvió con Dios y el ataque de los asirios terminó sucediendo.

 

El Salvador vendrá