Obispo Gilberto

Viernes, 23 de Marzo, 2018

Mensaje de Fe y Salvación

Oración de cuerpo, alma y espíritu

 

En I Samuel capítulo 1 usted encontrará al personaje de Elcaná, quien tenía dos esposas. Una de ellas se llamaba Ana y la otra Penina. Esta tenía hijos, pero Ana no tenía ninguno. Ana era estéril y en aquella época, la mujer estéril era humillada y maltratada por todos.

Dice la palabra de Dios que Penina se burlaba de Ana, quien se deprimía por ello hasta el punto de no comer. ¿Acaso Ana estaba usando su fe?, ¿a quién estaba escuchando Ana?, ¿a Dios? Cuando alguien escucha la voz de Dios no se queda llorando, pues Él no juzga a nadie. Dios extiende la mano a aquellos que quieren ser ayudados.

Los ojos de Dios pasan por toda la tierra. ¿Usted sabía eso? Además, Él no ve solo el exterior, también mira el interior de cada ser humano. Dios escudriña nuestro ser, pero no lo hace para condenar, Él quiere encontrar en nosotros lo que encontró en Ana: una actitud de fe.

Según el texto Sagrado, después de llorar, Ana se levantó y oró a Dios. ¿Pero fue una oración cualquiera?, ¿de esas que solo queremos terminarla y decir amén? ¡No! Fue una oración que involucró cuerpo, alma y espíritu, y que a Dios siempre le agrada escuchar.

Si usted practica lo que hizo Ana, ciertamente su vida cambiará. Al poco tiempo, Dios le dio un hijo. ¿Se da cuenta?, ¿qué más pruebas se necesita? Anímese a mostrar a Dios su actitud de fe y disposición para pedir en oración.