Acontecimientos

Lunes, 07 de Mayo, 2018

Nada que perder

Película impactante

 

La película Nada que perder muestra la trayectoria del Obispo Edir Macedo desde la infancia y los primeros desafíos en el interior de Rio de Janeiro, pasando por momentos importantes como la fundación de la Iglesia Universal, hasta la compra de la Record TV. El presentador y escritor Renato Cardoso explicó que la película es una oportunidad para que los espectadores conozcan detalles nunca revelados.

“La mayoría de las personas en Brasil y hasta en otros países solo oyeron hablar del Obispo Edir Macedo por la boca de los que lo odian, de los que temen el crecimiento de la Universal. A lo largo de buena parte de los 40 años, la Iglesia sufrió ataques implacables y las personas no conocían el otro lado de la historia”, comentó Cardoso.

A decir verdad, Nada que perder es una súper producción. La película tiene más de 6 mil extras y fue filmada en 100 locaciones en el interior de Sao Paulo, Brasil y en Rio de Janeiro. Los lugares retratan el Brasil de los años 60, 70, 80 y 90. Además, la producción grabó en locaciones en Israel, Estados Unidos y en África del Sur. El filme está basado en la trilogía de libros con el mismo nombre que se convirtió en best-seller con más de 7 millones de ejemplares vendidos.

Por otra parte, lo impactante de la historia es que, una vez que se estrenó, personas de distintas religiones y creencias visitaron las salas de cine en el estreno en Brasil, muchas de ellas agobiadas por distintos problemas, pero con la seguridad de que esta historia de superación ayudaría a despertar su fe. ¿El resultado? Muchas han sido bendecidas y se han entregado al Dios de la Biblia.

A continuación, podrás ver uno de los muchos relatos que han surgido desde la aparición de esta película en pantalla grande.

Tras ver Nada que perder fue sanada

 Marli-:Vi la película del Obispo Macedo. En el final de la película, él consagra un pañuelo y habla acerca de cómo usarlo. Cuando llegué a mi casa, me dio un dolor muy fuerte y sentía como si quemara, era un dolor que ya no estaba soportando y mi marido iba a llevarme al hospital.

En ese momento, me acordé del pañuelo y lo puse en donde me dolía. De pronto, eso que estaba dentro de mí salió, ¡no sentía más dolor! De ahí en adelante, me he sentido bien y muchas cosas han mejorado en mi vid. Estoy segura de que sané por completo”.