Mujer

Lunes, 09 de Julio, 2018

Cristiane Cardoso

Luchar por justicia

 

Abuso sexual, violación e incluso acoso verbal son comportamientos criminales e inaceptables; y no hay excusas para tales comportamientos bajo ninguna hipótesis. Por otro lado, es irracional que las mujeres se comporten y se vistan provocativamente, para luego querer dar una lección de moral a los hombres por tener una mente sucia. No es casualidad que la tasa de delitos sexuales haya aumentado a lo largo de las últimas décadas, al paso que los valores familiares tradicionales y patrones éticos se van deteriorando. Cuánto menos las mujeres respeten sus cuerpos según los deseos de Dios, menos los hombres respetarán sus cuerpos, mentes y espíritus.

¿Usted ya se preguntó por qué tantas feministas aplauden a las celebridades que promueven con intensidad el sexo sin compromiso? Celebridades cuyas canciones reducen a las mujeres al nivel de esclavos o animales. ¿Por qué ellas marchan tomadas de los brazos en las manifestaciones para promover la “libertad” de las mujeres, pero se involucran cada vez más con actitudes nada saludables? No entiendo cómo ellas pueden gritar con rabia a los hombres que, según ellas, promueven la vulgaridad y la falta de respeto; y al mismo tiempo, usar sus propios términos vulgares, vestir ropas vulgares y abrazar imágenes vulgares como una expresión de la libertad femenina. No tiene sentido, a menos que usted comprenda el daño causado a la habilidad de la mujer para razonar cuando ella no sabe cómo encontrar la verdadera cura.

Es frustrante verlas así, pues sé que detrás de todo ese discurso afilado y de toda esa rabia, hay mujeres que fueron heridas y confundidas. Ellas se volvieron insensibles a las cosas de Dios, Quien es el único que puede curarlas y aliviar su dolor. Ellas no quieren oír una prédica, pero necesitan ver los ejemplos de mujeres que de hecho fueron curadas de su pasado y entender la belleza del matrimonio según los patrones de Dios. Vamos a ser este ejemplo para ellas y orar para que ellas, finalmente, derrumben esas murallas de defensa. Cuando Dios es nuestra fortaleza, no necesitamos ninguna otra muralla.

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