Estudios Bíblicos

Martes, 07 de Agosto, 2018

El Monte Hermón

¿Por qué?

 

¿Por qué Jesús optó por el Monte Hermón para ser transfigurado? 

¿Por qué escogió solo a Pedro, a Santiago y a Juan como testigos?

Jesús no decía nada innecesario, no pensaba tonterías, no se inclinaba hacia lo fútil ni hacia lo vulgar, no andaba sin hacer nada, no estaba de paseo, no tenía intereses personales, no era curioso, en fin, no gastaba su vida con banalidades.

Al escoger a Pedro, a Santiago y a Juan para que Lo acompañaran al pico del Monte Hermón, sabía lo que estaba haciendo. Su elección no fue al azar y no Le preocupó si los demás quedarían lastimados o resentidos. Al contrario, a causa de Su objetivo bien definido, escogía lo que debía ser escogido y hacía lo que necesitaba ser hecho. Más tarde, Pedro daría testimonio diciendo:

“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos Su Majestad. Pues cuando Él recibió de Dios Padre honra y gloria, Le fue enviada desde la Magnífica Gloria una voz que decía: ‘Este es Mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia’. Y nosotros oímos Esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con Él en el Monte Santo.” 2 Pedro 1:16-18

Lo mismo sucedió en relación a la elección del Monte Hermón. ¿Por qué no optó por el Monte de los Olivos, al que Él amaba? ¿O por el Monte Carmelo, donde oyó la oración de Su siervo, el profeta Elías, y le respondió con fuego? ¿Y por qué no el Monte de las Bienaventuranzas, donde enseñó los secretos de la vida eterna? En fin, ¿por qué optó por el Monte Hermón, el más alto de Israel y de mayor dificultad para escalar?

Esa respuesta la encontramos en el Salmo 133, donde dice:

 “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!

Es como el buen óleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras.

Es como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion. Porque allí ordena el SEÑOR bendición y vida para siempre.”

Al escoger el Monte Hermón, el Señor Jesús quería atraer la atención de Sus discípulos hacia lo que este representa, descripto en el Salmo Profético.

Profético porque habla de la unidad, de la armonía y de la perfecta paz de los hijos de Dios en el Reino de los Cielos. Retrata con exactitud el cuadro de la familia de Dios reunida alrededor de Su Trono.

¿Quién exclama: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”?

Puede ser que el Espíritu Santo le haya dado a David la visión de la familia de Dios alrededor de Su Trono, de la misma manera que el Señor Jesús dio la visión del Apocalipsis a Juan, en la isla de Patmos. Y, delante de esa exuberante visión, David exclamó gozoso:

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es ver a los hijos de Dios reunidos alrededor del Trono!”

Pero, si no fue David el que manifestó tal gozo, ciertamente fue el propio Dios-Padre. Él expresa Su alegría y Su gozo de ver a Sus hijos, frutos del sacrificio de Su Primogénito Jesús, alrededor Suyo.

La alegría es tan inmensa que no existen palabras para expresarla. Por eso se hace necesaria la comparación: Es como el buen óleo sobre la cabeza…

Tal buen óleo sobre la cabeza provoca el derramamiento del Espíritu Santo en forma de unción física. Algo solo comprensible para los que ya experimentaron ese revestimiento un día.

Es como el rocío de Hermón…El rocío del Monte Hermón son las tres fuentes de agua formando tres ríos que se unen y generan el Río Jordán. El Hermón es, actualmente, el responsable del abastecimiento de agua en todo Israel. En aquellos tiempos, el agua era como el oro, la mayor riqueza de una comunidad. Tanto es así, que las ciudades eran iniciadas alrededor de los pozos descubiertos. El agua es vida. Sin ella es imposible la existencia de la vida. Cuando el Autor de la Vida retrata Su placer como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion, se trata de la plenitud de la vida que los hijos gozan en Su presencia.

El Monte Hermón es un santuario invisible a los ojos de los impíos. Visible y revelado solo a los escogidos, a causa de su grandeza e importancia espiritual. No fue casual que el Señor Jesús lo haya escogido entre los demás. Al cabo, en él Dios ordena la bendición y la vida para siempre.

 

La transfiguración de Jesús en este Monte muestra Su voluntad de ver a los seguidores también transfigurados. Es decir, transformados según la Gloria de Dios para que oigan la misma Voz del Padre diciendo: “Tú eres Mi hijo amado en quien Yo tengo placer”. Nuevas criaturas. Criaturas celestiales que llevan en sí la imagen y semejanza del Altísimo, a ejemplo de Adán y Eva, antes del pecado.

Extraído del blog del señor Obispo Macedo