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Lunes, 20 de Agosto, 2018

Espíritu Santo

La Mayor Promesa de Dios

 

¿Has anhelado algo a tal punto de estar dispuesto a hacer lo que sea para obtenerlo? A todos los seres humanos nos gusta tener logros económicos, familiares, sentimentales, profesionales, personales… No obstante, si bien ellos dan una sensación de bienestar e, incluso, incentivan a seguir luchando para recibir más, la Biblia nos invita a no olvidar los espirituales por una perfecta razón:

 

“[…] no mirando las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).

 

Una empresa, un auto, una casa, una familia unida, una relación excelente, una licenciatura, viajes, lujos, entre muchas cosas más, son importantes. Sin embargo, imagínate poseer todo eso, pero estar triste, enfermo, desanimado… ¿de qué servirá? Por otra parte, cuando nos enfocamos en Dios nos beneficia tanto física como espiritualmente y repercute hasta en quienes nos rodean.

 

Esto es posible a través del Espíritu Santo, que es la Presencia de Dios. Cuando Él entra en la vida de una persona, esta no vuelve a ser la misma, puesto que todo tendrá sentido, pese a las dificultades que la persona enfrente o a las conquistas materiales que tenga.

 

Puede ser que te resulte extraño que un Dios inmenso habite en un ser tan pequeño y lleno de errores. Pues bien, justamente la finalidad del Espíritu Santo es hacernos su habitación y ayudarnos a perfeccionar nuestro carácter, actitudes, pensamientos… Él es una Promesa hecha por Dios, la Mayor de todas porque nos garantiza la Salvación, a la cual todos tenemos acceso.

 

Ahora que lo sabes, ¿te gustaría tenerlo en ti? En seguida, te damos algunos consejos para que logres esa experiencia inigualable:

 

Primeramente, sé sincero contigo mismo y piensa cuál es la razón principal de querer recibirlo. Recuerda: el Espíritu Santo no es una herramienta para prosperar u obtener otro objetivo personal o material. Él habita en quienes quieren conocerlo, en espíritu y en verdad, así como en los que desean la Salvación eterna de su alma.

Reconoce que eres una persona sujeta a deseos y actitudes pecaminosas, pero con el deseo de cambiar. Pídele que limpie tu interior y lo prepare para recibir Su Presencia.

Búscalo constantemente, todos los días y las veces que puedas. De preferencia, en un momento exclusivo para Él y en un lugar privado.

Al comenzar tu oración, agradécele por la oportunidad que te da de hablar con Él y exprésale qué te aflige, enoja, desanima, etc… Posteriormente, dile qué significa para ti, o bien, que Lo quieres conocer para podérselo decir.

Cree solamente. En el transcurso de nuestra búsqueda del Espíritu Santo suelen venir pensamientos a nuestra mente, tales como: “No lo mereces”, “No lo vas a recibir”, “Acuérdate que hiciste esto o aquello”, por mencionar algunos.